sábado, 10 de julio de 2010

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Cenicientas de la memoria

Por Susana Reinoso

Entre el desinterés oficial, el polvo y los ácaros, y con escasos recursos -cuando los tienen- malviven kilómetros de documentos sin preservación en el Archivo General de la Nación. Sin subsidios estatales se conservan más de 22.000 películas, 60.000 fotografías y 55.000 afiches originales que componen el valioso acervo de la Cinemateca Argentina. Y sin presupuesto se asfixia la Audiovideoteca de Escritores de Buenos Aires, un notable programa que atesora 150 entrevistas a intelectuales y artistas y más de 60 documentales, 20 de los cuales están ya en Internet. Tres de los archivos más relevantes del país, que recogen documentos que van del virreinato a la actualidad, la historia del cine argentino y un recorrido de la literatura vernácula en voz e imagen, sobreviven como pueden. La pregunta es: ¿Por qué? ¿O acaso los archivos no tienen nada que aportar a la reconstrucción de la memoria, hoy prioridad oficial en la Argentina?

El año próximo se realizará en la Argentina el 65° Congreso de Archivos de Films, en coincidencia con dos celebraciones: el 60° aniversario de la Cinemateca Argentina, que preside el entusiasta Guillermo Jurado, de 94 años, y el centenario del cine argentino. Dice a La Nación Marcela Cassinelli, vicepresidenta de la Fundación Cinemateca Argentina, que vendrán 200 instituciones de todo el mundo. Algunas están sosteniendo con sus aportes la organización, ante el silencio del Instituto de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa), a cargo de Liliana Mazure. "En marzo le envié a la presidenta del Incaa una carta. Hay suficientes razones para hacer de este congreso un acontecimiento cultural que anticipe el Bicentenario. Por ejemplo, la primera película argentina de argumento fue "La revolución de mayo", de Mario Gallo, estrenada en mayo de 1909. Y se cumplen 100 años de nuestro cine. Sin apoyo es difícil, pero igual seguimos adelante", dice la entusiasta Cassinelli. La idea del congreso es recuperar público para las salas de cine que languidecen, mientras engorda el cine extranjero en casa, a expensas del cine argentino. "¡Pensar que el presidente de la Nación iba al cine!", recuerda Cassinelli. Tan importante eran las películas en la educación de los chicos, que el quehacer fílmico era recogido en periódicos de colectividades, como el francés Le Petit Journal. "La primera proyección pública fue en Buenos Aires en 1897, no en México como se consigna por error", dice Cassinelli.

Para Karina Wroblewski y Alejandra Correa, la Audiovideoteca de Escritores es un orgullo, dado que fueron sus precursoras, pero también un motivo de preocupación, porque todo el material histórico de la cultura argentina que conforma su fondo puede comenzar a perderse por falta de preservación, para lo cual no tienen presupuesto. En junio último, más de 40 escritores, artistas y dramaturgos entre quienes se cuentan los nombres de Mempo Giardinelli, Liliana Heker, Noe Jitrik, Cristina Banegas, Pablo de Santis, Mauricio Kartun, y Eduardo Belgrano Rawson, hicieron pública la situación de la Audiovideoteca, pidiéndole al gobierno porteño una partida para el funcionamiento de este archivo. "Para fin de año hemos pensado una muestra multimedia de escritores en vinilo. Pero no tenemos plata para comprar ni un cedé. Estamos tratando de conseguir fondos privados", dice Wroblewski. Hace un mes la Audiovideoteca pasó a depender del Centro Cultural Recoleta, lo que aún que no le deparó presupuesto.

Tres archivos que, por el momento, son cenicientas de la memoria argentina.



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